Encuentros
y desencuentros
Un
clásico de la vida: a veces nos sentimos cerca de nuestros hijos (o de nuestros
alumnos) y otras, pareciese que a miles de kilómetros aunque lo veamos en la
silla contigua.
Si
de consejo hablamos, la palabra es lo mejor:
Hablar
Conversar
Dialogar
Escuchar
Podríamos
pensar en un dialogo abierto
¿Cuál
sería?
¿Cómo
conversar con nuestros hijos?
La
clave está en escuchar más y hablar menos.
Nuestros
hijos necesitan hablar y pero, para eso, también necesitan alguien que los
escuche sin reprimir, sin opinar, con sensibilidad, con amorosidad.
Tal
vez no sea tan importante el tiempo que estemos (y que muchas veces, no
tenemos) sino de qué manera damos el alma en ese momento.
Podemos….
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un programa de TV
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un juego virtual
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un libro
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una charla
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una salida
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una comida
Saber
que la tele o los jueguitos no son los lugares
de los consejos, de las recomendaciones pero, en oportunidades, sirven como disparadores
para hablar de algunos temas. Saber que la tele no tiene la función de educar
aunque muchas veces lo haga (mal o bien).
Quién
dice que hasta cambiemos nuestra manera de pensar el mundo en vez de intentar
que ellos cambien la suya. O, que lleguemos a un acuerdo…
Estar
disponibles para ellos, con nuestro corazón, con nuestra cabeza y tratando de
que los juicios de valor queden a un lado. Estar cerca con el corazón, estar atentos
con la razón, estar disponibles con alma y cuerpo.


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