¡Ayudemos a los maestros y dejemos de evaluarlos!
Estamos constantemente
evaluando, viendo cómo evaluar o hablando de evaluar a nuestros docentes
y me refiero especialmente a los organismos estatales. A partir de esas evaluaciones se formulan estadísticas
en las que queda claro lo “deficitario de nuestra educación, todo lo que no
saben los docentes, todo lo que deberían hacer y no hacen, etc., etc.”, siempre
con una mirada negativa.

Difícil tarea la de llegar a unificar falencias si pensamos
los distintos modos de enseñar y de aprender de docentes y alumnos de un país,
de una ciudad; si pensamos las diferentes culturas que nos envuelven. Desde qué
lugar queremos evaluar?
¿Qué queremos demostrar evaluando a nuestros docentes?
¿Cuál es el mensaje que les estamos dando?
¿Qué hacen los organismos que evalúan luego de obtener los
datos tan deseados?
¿Sobre qué eje nos asentamos para decidir cómo será la
evaluación?
Mientras tanto,
maestros, profesores, escuelas y
pequeñas organizaciones trabajan para lograr enseñar mejor, para comprender a
su grupo de estudiantes, para adatar los NAP a su realidad, para que tengamos
alumnos con más saberes, para que seamos una mejor sociedad, un mejor país.
Y si en vez de evaluar les preguntamos qué necesitan, cuáles
son las dificultades con las que se encuentran al enseñar y qué podemos aportar.

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