DEJARLO SER
A veces creemos que son temas trillados o que “la tenemos
clara”.
O que no caeremos en eso.
Pero, parece casi inevitable, hacemos por ellos.
Qué es lo que
nuestros hijos pueden hacer solos y para
qué necesitan de los adultos parece un asunto difícil de responder
¿Cuándo comen sin ayuda? ¿Se lavan los dientes o se bañan
solos? ¿Pueden hacer la tarea sin la mirada de un adulto? ¿Pueden cruzar la
calle o tomar el colectivo solos?
El derecho a aprender, a crecer, a ir teniendo logros
propios
Porque se aprende cuando las cosas no salen tan bien y se aprende cuando se va más lento que lo que los demás esperan
¿Cómo darles libertad, seguridad, independencia?
Si tuviese que dar algunos consejos…
-
Ofrecerles el espacio de la palabra. Estar
comunicados y cerca acompaña, permite
hablar de los miedos, de las dudas, de las certezas y de otras tantas cosas.
-
Estimularlos sin presionarlos hablando de cómo
pueden cuidarse, qué se puede y qué no; los límites son siempre
tranquilizadores.
-
Ir de a poco, paso a paso y acompañar ese
proceso para luego evaluar. Hacer empatía, no soy yo el que estoy atravesando
ese crecimiento, es nuestro hijo o nuestra hija.
-
Y fundamentalmente disfrutar interna y
plenamente por esos logros, por el aprendizaje, por el crecimiento.






Y, claro, los adultos que rodean a los niños son esenciales para ellos, para su crecimiento, para su formación pero, de ninguna manera, los chicos serán espejo de esos padres. Es una carga demasiado pesada pensar de esa manera y es una gran mentira.