viernes, 5 de agosto de 2016

Encuentros

Encuentros
 
Buenos Aires, subte. Hora pico. Mucha gente.
Sube un Señor - Niño y, detrás, un Señor -Señor.
El Señor Niño mira al Señor Señor cuando abre su hermoso maletín marrón de cuero. Yo también lo miro y tengo una intriga: ¿qué sacará o qué estará buscando tan concentradamente en un lugar en el que no hay espacio ni para respirar? Sigue buscando, sigue mi intriga. 
El Señor Niño lo mira atentamente. Ojos bien abiertos y directos, sin disimulo.
 
 
 Pasamos dos estaciones de subte así, mirando e imaginando. 

Y, en la tercera estación, el Señor Niño le pregunta con una hermosa naturalidad: “¿qué estás buscando?” El Señor Señor sonríe intimidado, lo mira, mira su maletín marrón de cuero y no dice nada. Vuelve a mirarlo, sonríe y hace una muesca. Parece que va a hablar. Presto más atención pero nada. 
Adoro a los Señores Niños que se animan a las preguntas que yo ya no hago.

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