Cuánto tenemos para aprender de nuestros niños….
Voy caminando por Alem, en Buenos Aires, y veo varias
familias viviendo con sus niños bajo la recova.
Una de esas familias está compuesta, por lo que veo, por un
papá, una mamá y dos niños: la nena tendrá 8 años y el varón, 10.
La escena que se perfila antes mis ojos es más o menos así:
Los cuatro están dibujando en unas hojas lisas; cada uno con
su A4. Cuando me detengo para mirar a los niños me emociona profundamente ver a
sus papeles llenos de flores pintadas.
Él pinta de rojo los pétalos de su flor y ella, lo mira,
serenamente.
A su tiempo, el varón le da a su hermana el lápiz rojo y la
escena se repite; ella pinta su flor y él, la acompaña con su silencio y su
sonrisa.
Dejo de mirar; me voy con la sensación de haberme metido en
la más profunda intimidad.
Camino con los ojos colmados de flores, de colores y de
hermandad.
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